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Imaginemos una bandeja con un fondo de unos 10 cm de hondo. Ahora pongamos una fina capa de tierra en su interior y el resto lo rellenamos con una buena capa de mierda. Si, han entendido bien, mierda. De esa pegajosa, espesa y que huele tan mal que por mucho que te laves, tienes la desagradable sensación de que su olor te acompañará ad eternum.

A medida que pasan las horas, la caja desprende todo tipo de gases y malos olores, atrayendo inevitablemente a todo tipo de insectos voladores liderados por las moscas, esas que revolotean a tu alrededor haciéndote la vida más difícil por mucho que agites tus manos por encima de tu cabeza como un poseso para intentar espantarlas.

Las moscas están súper contentas, disfrutan en la mierda, vuelan otra vez, se posan en tu cabeza, en tu ropa y en tu nariz a poco que te despistes. Son felices en la mierda, la buscan, la necesitan para vivir y se regocijan esparciéndola a su alrededor porque saben que cuanta más mierda haya, más lugares tendrán para reproducirse y vivir. Así son las moscas, un tanto limitadas pero muy claras en sus malolientes objetivos.

Todo esto tiene una pega, a medida que pasa el tiempo es muy posible que la mierda o bien se humedezca, o bien se reseque. En ambos casos es probable que aparezcan hongos y con más tiempo champiñones. Como sabemos los hongos son la base de los ecosistemas y sobre ellos crece todo tipo de vida.

Los primeros champiñones nacen endebles preguntándose dónde coño están y sobre todo por qué huele todo tan mal y están más sólos que la una. A medida que van creciendo y por tanto alejándose de la mierda, su perspectiva cambia. Ven que existen otras cosas, el aire está más limpio y notan un calorcillo en el cuerpo que no viene sólo de los efluvios dónde están sus raíces, sino de los rayos del sol que los iluminan.

A su vez, miran hacia abajo y ven a otros congéneres hacer el mismo recorrido que ellos habían hecho anteriormente y hasta comienzan a alegrarse por no estar solos en el proceso de la vida. Cuanto más tiempo pasa, más champiñones aparecen y claro, en tan poco espacio y mientras crecen, van chocando sus cabezas los unos con los otros, produciendo un curioso efecto resonante que les hace ir más rápidos en su crecimiento. Además los más pequeños cuando levantan la vista, ven que hay otros champiñones mucho más grandes que parecen indicarles el camino a seguir y les sirven de motivación para avanzar en su propio camino.

Mientras todo eso ocurre, la mierda va desapareciendo ya que los champiñones la van transformando en otros materiales más nobles y útiles. Claro, esto molesta a las moscas porque su alimento desaparece y posarse en los champiñones no les sirve de nada, por no mencionar que los efluvios malolientes de la bandeja se han mitigado bastante y ya no encuentran alimento, ni el ecosistema que necesitan para subsistir, así que pasado un tiempo buscan otra bandeja sobre la que alimentarse, enguarrarse y seguir sus sucias tareas reproductivas. No son malas, ni buenas, sencillamente no dan para más las pobrecillas.

Esta breve analogía me sirve para representar de forma un tanto escatológica pero bastante representativa y con cierto humor, el llamado despertar humano. La Tierra es la bandeja, la mierda es lo que nos ha dejado aquí el "equipo oscuro" (no entraré en quién ni por qué, el caso es que han dejado mierda a punta pala) y los champiñones somos nosotros preguntándonos qué hacemos aquí y cual es el sentido de nuestra existencia, mientras que sin ser conscientes de ello, vamos transmutando la mierda en vida y quitando de esta manera el sustento de estos amigos de lo ajeno, que poco a poco se van sintiendo incómodos e intentan por todos los medios ralentizar el proceso pero a sabiendas que no lo podrán parar.

El árbol celta de la vida, entre muchas interpretaciones, contiene este mensaje también: un árbol que hunde sus raíces en la más absoluta oscuridad de la tierra y la mierda que finalmente, crece hasta extender sus ramas al cielo, la luz y el aire, en un grito emergente de vida y reconocimiento de su sentido y propósito vital.

Y así es el despertar humano, humilde y sucio en su nacimiento pero glorioso en su desarrollo. Si le sirve de consuelo recuerde que no está solo, así que no se conforme con apegarse a la mierda y aspire a convertirse en el árbol que ya está latente en su interior esperando germinar.

L.A.P.