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Un buen día, se levantó de la cama harto de intentar y seguir fracasando de forma constante en su vida. Se sentía desenfocado y padecía de tal desajuste espacio-temporal que hasta se veía borroso en el espejo. Estaba un poco cansado de su situación pero tampoco tenía muy claro en qué dirección tirar, así que como había oído algo sobre proyección y materialización, decidió ponerlo en práctica a modo de experimento. Al fin y al cabo prometía ser divertido y si no funcionaba, ¿qué podía perder?

Se armó de lápiz y papel y se sentó junto a su taza de café a conseguir lo primero que pasase por su cabeza pero que además le produjese algún tipo de emoción adicional. Pensando y pensando y entre sorbo y sorbo, lo primero que se le apareció en la mente fue un burro. Efectivamente, ese leal y trabajador cuadrúpedo, de carácter difícil pero de gran fidelidad. No tenía ni puñetera de idea de qué haría con él, salvo que en el prado que tenía detrás de su casa, podía dejarlo pastando o quizá utilizarlo para dar algún que otro paseo, siempre que el burro quisiese claro, ya que sabemos que otra de sus virtudes es su gran testarudez. Eso le produjo una extraña alegría y comenzó a reírse imaginando la escena. Todavía con una sonrisa en la boca, cogió el papel dónde había escrito su petición y la pegó en la nevera con un imán, de tal forma que tendría que leerla cada día.

Así fueron pasando los meses, hasta que un buen día, caminando por el bosque, escuchó un rebuzno desesperado de lo que le pareció un animal cuadrúpedo que pedía ayuda desesperadamente y no de un "burro" bípedo de los que dan ganas de huir sin mirar atrás dejando sólo polvareda a nuestro paso. El caso es que se internó un poco entre unos matorrales y allí se topó al pobre animal atado de mala manera a un poste, con sangre en una de sus patas por las ligaduras y delgado por los padecimientos de haber pasado varios días en esa situación. Apiadándose del animal, se acercó y le dio un poco de agua de su cantimplora que bebió apresuradamente con una extraña confianza. Le miró a los ojos y comenzó a acariciarle la cabeza y el lomo. El animal se dejó hacer y mientras se tranquilizaba, le soltó la pata dañada y lo cogió delicadamente por una cuerda que llevaba al cuello que desató también. Miró al animal fijamente y supo que había encontrado su primera petición al Universo. El burro se había materializado ante sus ojos, sólo tuvo que seguir la señal y allí estaba esperándole.

Comenzó a caminar lentamente para ver si el animal le seguía mientras le iba dando briznas de hierba y le sorprendió su confianza al seguirle. Poco tiempo después estaban en su casa y le llevó al campo posterior de la misma. Allí le dejó un gran cubo lleno de agua y dejó que comiese de la tierna hierba que cubría el campo generosamente. Mientras bebía le limpió la pata herida con agua y después se sentó a admirar al animal y sonreír pensando en el regalo que se había materializado ante sí. Después se le ocurrió la idea de arrancar unas zanahorias y dejárselas como postre. Algo que iluminó la mirada cansada del burro y le produjo una alegría tan perceptible que se puso a dar saltos de alegría aunque cojeando.

Al volver a casa por la noche y al acercarse a la nevera, releyó el papel que tan sólo dos meses antes había dejado allí y no pudo menos que sonreír y alegrarse a carcajada limpia. Ser terco como un burro y perseguir una zanahoria imaginaria con ilusión, acaba por provocar una materialización de aquello deseado. Le resultó divertido asociar la testarudez característica del burro y la suya propia, así que sin más, se sentó a escribir su próximo objetivo.

Sirva este pequeño relato como un ejemplo de materialización de cómo podemos entrenar a nuestra mente en conseguir aquello que necesitemos. Porque el Universo funciona así, nunca te da aquello que quieres exactamente, pero te dará aquello que necesitas, siempre y cuando estés atento a las señales que te llevan a ello. Lo único que falta en la guinda del pastel es que como dioses creadores que somos, echarle una mano en como plasmar en esta realidad aquello que necesitamos, aquellos sueños y aspiraciones que sean auténticos, reales y que nos llenen de ilusión.

Coja un papel y un lápiz, y escriba lo que desee, léalo todos los días antes de dormir y sienta que ya es suyo y agradézcalo. Todo consiste en experimentar, analizar y dejarse llevar para sorprenderse como un niño. La vida es demasiado corta para ser serio y muchas veces basta con jugar y dejar maravillarse ante ella para que las cosas sencillamente, sucedan.

L.A.P.