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En lenguaje de la calle, llamamos "cagada" a cuando cometemos un error. La cagada puede acompañarnos lentamente (estreñimiento) o de forma rápida (diarrea).

En el caso del estreñimiento, la cagada nos acompaña durante días. Al comienzo al individuo le cuesta admitir los síntomas y busca infusiones de todo tipo y soluciones externas para solucionar el problema que él mismo se ha ocasionado.

La diarrea en cambio sigue un proceso muy rápido y el flujo intestinal corre libre y sin freno en dirección de salida, ocasionando en el sujeto la desagradable sensación de que si no se la quita pronto de encima le acompañará de forma menos agradable en breves instantes.

En ambos casos, la cagada nos acompaña días u horas, dependiendo del tipo mencionado. Nos quejamos, nos lamentamos, la procesamos y finalmente la aceptamos y actuamos en consecuencia.

Lo importante es no encariñarse con la cagada sino aceptarla, dejar que se vaya y corregir la ingestión de alimentos que nos ha producido dichos síntomas tan molestos.

la cagada

En nuestras relaciones diarias la cagamos frecuentemente, unas veces por acción y otras por omisión. Las cagadas, no nos engañemos, no son agradables porque generalmente nos muestran algo de nosotros mismos que no nos gusta y que de forma bastante infantil muchas veces tendemos a ocultar con un tupido velo como si nunca hubiese ocurrido.

Otro recurso habitual es la búsqueda de culpables fuera de uno mismo, las frases son siempres similares, "es que me dijo que", "es que me molestó que", "es que me acusó de" y, nuestro ego dolido, busca esquivar su propia responsabilidad en el error.

En pocas ocasiones, tenemos la honestidad de reconocer nuestro desacierto, primero con nosotros mismos y como evolución lógica, con los demás. Perdonarse a uno mismo es aceptarlo ante los demás reconociendo nuestros fallos sin excusas ni paliativos, pidiendo las oportunas disculpas por el daño ocasionado. Si hemos conseguido esto último, habremos dado un paso de gigante en realizar un cambio en nosotros mismos, un cambio real que sale del corazón y de lo más profundo de nuestro Ser.

Las cagadas ocurren constantemente y durante toda nuestra vida y, frecuentemente, nos muestran como un espejo, justo aquello que necesitamos cambiar y poder así utilizarlas en el crisol del alquimista, consiguiendo así, la transmutación, la transformación del material más vulgar en materiales nobles y de más valor.

Cada cagada y cada acto consciente de reconocimiento de la misma y su actuación en consecuencia, supone un paso más en el avance del individuo, en la pequeña mejora diaria de uno mismo, en incorporar de forma real una nueva lección en esta escuela planetaria en la que, no nos engañemos, todos somos alumnos aprendiendo y, en algún caso, repitiendo la lección hasta finalmente haberla asimilado.

Abracen por tanto sus cagadas y no les tengan miedo y, si son lo suficientemente humildes y honestos, podrán utilizarlas en su propio provecho y el de los demás.

Hoy la he cagado y he dado gracias por ello. ¿Y usted?