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En nuestra forma de pensar tan mecanizada, es frecuente no traspasar nunca el velo de lo desconocido, estancándonos en una pobre parodia de aquello en lo que deberíamos convertirnos, en aquello que deberíamos llegar a SER.

Cuando vamos dando tumbos por la vida, tropezamos de forma reiterada en el hecho de no realizar un análisis personal de: de dónde venimos, dónde estamos y a dónde vamos. Es necesario plantearse de forma periódica analizar quiénes eramos, en un estudio retrospectivo de uno mismo, tanto en la relación con los demás, cómo con nosotros mismos. ¿Quién era cuando estudiaba en el instituto o cuándo tuve aquella relación o acabé aquellos estudios o aquel trabajo?

En esa retrospectiva, es habitual detectar unos puntos de inflexión en los cuales se cierra un viejo ciclo y otro nuevo comienza. Estos hitos vitales son los que dirigen y marcan nuestro destino final en el maravilloso y misterioso sendero de la vida.

Si hacemos de forma honesta y humilde esta tarea, podemos detectar fácilmente aquellos puntos dónde caemos de forma reiterativa y periódica a lo largo de los años. Ciclos de recurrencia en los cuales repetimos de forma sistemática sucesos, acontecimientos, relaciones, trabajos o cualquier hecho externo que traduzca y refleje nuestro divagar interno.

Esta valoración vital y detección de hitos de éxito, o bien, puntos de recurrencia, son los que señalan y dirigen la octava de nuestra existencia sin que apenas seamos conscientes de la misma.

¿Cuántas veces al mirar atrás hemos podido apreciar que aquello que parecía no guardar ninguna relación con tal o cual suceso, en el fondo estaban íntimamente relacionados? El principio de causalidad que tan magistralmente explica El Kybalión, lo abarca a la perfección.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando no hacemos este trabajo interno? Se traduce en el fenómeno que podemos etiquetar como: la insoportable levedad del NO SER.

La insoportable levedad del No SerAl no realizar este análisis personal, vamos por la vida a la deriva y sin rumbo fijo, cómo una barca sin timón o cómo los discursos incoherentes dónde, sin ton ni son, saltamos de un personaje a otro y de una octava a otra, trazando finalmente un camino vital plagado de incoherencia con nosotros mismos y con los demás. Incoherencia que se demuestra entre el ruido que se produce en los pensamientos, palabras y actos que trasladamos al mundo externo.

Ayer FUI otro, hoy SOY y mañana SERé distinto pero, lo que si sé, es que cuando un buen día haga una pausa en el camino recorrido y mire hacia atrás desde lo alto de la colina, buscaré esa coherencia y dejaré que ésta me guíe a mi siguiente destino en el camino de la vida y así, la insoportable levedad del NO SER, dará paso lenta pero inexorablemente, a la alegría de SER aquello que debo SER en cada minuto de la existencia.

No permita que la levedad domine su vida y conviértase en su propio mago creador, transformándose una y otra vez en aquello que está destinado a SER.

"Tienes lo mismo que todo el mundo; toda una vida". The Sandman. Neil Gaiman.