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Cuando hablamos de Universo, tendemos a imaginarlo como un vasto espacio de estrellas y galaxias esparcidas en medio de una inmensa nada que flota en un espacio infinito, frío y lleno de oscuridad. Esta visión puramente mecanicista y restringida a los cinco sentidos de la máquina humana es, cuando menos limitante, ya que acota a un margen de percepción ridículo una idea que apenas somos capaces de abarcar.

El engranaje universalLos grandes genios de este Universo siempre se han caracterizado por ir más allá de lo establecido, ampliando fronteras y, con mucha frecuencia, enfrentándose al descrédito de sus colegas, además de sufrir persecución por las autoridades del momento o incluso la misma muerte. El racionalismo científico y el concepto newtoniano materialista del Universo, han pasado de ser una herramienta flexible más para llegar a la Verdad, a convertirse en un paradigma rígido y casi pseudo-religioso, cuando hasta hace apenas unos pocos años, jamás se hubiese permitido semejante usurpación de funciones.

La ciencia no es nada en si misma si no se supedita su utilización a investigar y ampliar puntos de vista, romper con lo establecido y llegar a donde ningún otro ha llegado antes, siempre con una clara vocación de servicio a sus iguales y por ende a toda la Humanidad. Para ello, es imprescindible aceptar que TODO es posible salvo que se demuestre lo contrario, cambiando así el paradigma que nos lleva a descartar a priori posibles opciones por disparatadas que puedan sonar inicialmente a nuestro ego.

"La Ciencia no es sino una perversión de sí misma a menos que tenga como objetivo final el mejoramiento de la humanidad." Nikola Tesla.

El agnosticismo se convierte así, en una guía que nos devuelve a la humildad de aceptar que no lo sabemos todo y que debemos expandir nuestra esfera de consciencia hasta el límite de cuestionarlo todo de forma permanente. El hecho de cuestionar lo ya corroborado hasta el momento, puede sonar al lector como un auténtico disparate, una sandez digna de un loco que sólo contribuye a hacernos retroceder en conceptos que "siempre" han estado ahí. Nada más lejos de la realidad. Las teorías científicas, los hechos probados hasta una determinada fecha, son necesarios y han sido los cimientos que nos han permitido llegar a dónde estamos y aunque hayamos descubierto que ya no nos sirven, son justamente los que nos han allanado el camino para llegar a este nuevo punto de inflexión. 

“Mi padre solía decir que él creía en seis cosas imposibles antes de desayunar…” Alicia en el país de las maravillas.

En realidad y, aplicando del Kybalión la ley de correspondencia (como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba) esto mismo es lo que ocurre en en nuestro universo particular en muchos encuentros de nuestra vida. Ciertas experiencias nos sirven para llegar a un punto y "misteriosamente" a partir de un determinado suceso, los caminos comienzan a distanciarse sin que aparentemente nada externo haya ocurrido. Como humanos nos preguntamos qué ocurre, qué nos ha sucedido, ¿es mi culpa?, ¿es tu culpa? y nuestros cimientos egoicos de seguridad y confortabilidad se ven sacudidos y todo parece derrumbarse a nuestro alrededor sin que seamos capaces a primera vista de comprender nada. Pero si conseguimos ir más allá, veremos que todo forma parte de un todo. Que no somos piezas aisladas del Universo y nuestras pequeñas acciones diarias contribuyen de formas que hoy todavía no somos capaces de comprender de forma completa, a inyectar el carburante que nosotros mismos generamos y que permite el funcionamiento de ese misterioso engranaje mágico y misterioso que llamamos Universo.

Por tanto si actúan en consecuencia con aquello que piensan, dicen y hacen y lo consiguen modular con la consideración externa hacia el prójimo, practicando la empatía y consiguiendo ponerse en los zapatos del otro y sentir lo que el siente, habrán logrado contribuir en la parte que les toca a esa vasta maquinaria universal alimentando con una energía consciente el combustible que todo lo mueve y a todos nos une. 

La pregunta es, ¿con qué energía voy a alimentar mi universo particular y por tanto el general? Yo ya lo he decidido.

¿Y usted?