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La flexibilidad

Existen multitud de refranes y dichos populares que nos recuerdan aquello de que: más vale ser flexible como el junco, que rígido como una roca, pues aquello que es flexible crece alto hacia el cielo y simultáneamente, hunde sus raíces en la tierra para asentar sus cimientos. El tronco de dicho árbol se mece con el viento y se balancea de un lado a otro cual junco en la ribera de un río y en cada bamboleo gana un poco más de vigor y resistencia entrenándose con los elementos, el viento, la lluvia y todo tipo de inclemencias meteorológicas.

En cambio, lo rígido, aquello encerrado dentro de sí mismo y que no admite el cambio, acaba por resquebrajarse con el paso del tiempo o, en su defecto, desgastándose hasta ser una pobre caricatura de lo que era originalmente.

La vida y su influencia en nosotros es muy similar. Esta comparación, no es algo original ni novedoso que no se haya mencionado cientos de veces antes, pero sí que conviene de cuando en cuando repasar y traer a nuestra memoria este concepto disfrazado de metáfora.

Si hay algo en los humanos que todavía hoy rige su vida, es la poca flexibilidad que muestran ante todo tipo de acontecimientos vitales. Nos aferramos a nuestra verdad como si fuese única e inmutable defendiéndola con uñas y dientes si percibimos que es atacada o siquiera puesta en duda. Esto ocurrirá una y otra vez en nuestra vida hasta que no podamos comprender y sentir el punto de vista del otro y lo que a su vez, le ha llevado a tener esa visión de la realidad circundante.

La verdad egoica es aquella que nos define, que si creemos ver agredida con críticas ajenas, pone en peligro a nuestro ego. Éste genera miedo y nosotros respondemos defendiéndonos del supuesto ataque ya que asociamos ego con yo y si este se ve atacado o desautorizado, ¿qué nos queda?

Siempre estamos ante la misma trampa: confundir verdad con ego y éste, a su vez, con el yo. Un ataque al ego y sus creencias, lo asociamos con un ataque personal y, por último, creemos que también agrede a nuestra verdad inmutable y única de nuestro arquetipo individual de la existencia y de nuestra vida.

¿Eres flexible?

Como intentaba explicar en el artículo la verdad fragmentada, no existe una única verdad válida en el Universo. Es precisamente por ello que aceptar la verdad ajena, se convierte en un ejercicio de flexibilidad personal e intransferible. La flexibilidad, por tanto, nos lleva a un estado de humildad único porque en dicho acto, no sólo aceptamos la verdad del otro, sino que reconocemos de forma implícita que tampoco nuestro punto de vista es tan valedero, sino que debe acomodarse con la verdad general de la que todos formamos parte.

Igualmente conviene distinguir entre flexibilidad y sumisión. La sumisión es un acto de violación de la propia flexibilidad personal y una intromisión dentro del libre albedrío de cualquier humano. Cuando llegamos a este punto, la flexibilidad se tensa demasiado, llevando al individuo que cede a la voluntad de un tercero a un punto cercano a la ruptura.

Como de costumbre, todo debe ser balanceado entre los opuestos y debe ser llevado a su punto de equilibrio. De forma natural, la propia naturaleza nos muestra la importancia del equilibrio en todo lo que nos rodea.

Un ejemplo concreto podría ser el crecimiento de los juncos en un cañaveral o el de los eucaliptos en el bosque. El mismo roce de las ramas entre ellos, sirve de guía para unos y otros en su crecimiento, apoyándose y elevándose en sutil armonía.

Así es la flexibilidad y una de las claves principales para permitirnos un correcto crecimiento hacia las alturas.