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"Señores pasajeros les habla el comandante. Rogamos permanezcan en sus asientos y con el cinturón de seguridad abrochado. Estamos atravesando una zona de turbulencias"

Este es el típico mensaje que escuchamos en cualquier compañía aérea cuando durante el vuelo atravesamos una zona de turbulencias. Cómo tal, no deja de ser un aviso, una advertencia de que tengan especial precaución durante esos instantes.

Ampliando dicha analogía al ser humano, ocurre exactamente lo mismo en todos aquellos que piensan que ya está todo logrado y que cómo ya nos conocemos estupendamente bien, controlamos a la perfección a nuestro ego y todos los impulsos emocionales primarios. Pero justo cuando uno cree estar preparado para el siguiente nivel, aparecen dificultades en el camino que lo vuelven a situar en la realidad, complicando la ruta aérea y convirtiendo un plácido vuelo en una experiencia llena de turbulencias y repentinas subidas y bajadas a gran velocidad. ¿A qué realidad nos estamos refiriendo? Sencillamente que a una gran parte de la humanidad todavía pareciera faltarle un mínimo de unos 500 años más de evolución de consciencia sobre el planeta.

Hace tan sólo unos días, tuve la ocasión de visitar una sala del MNAC (Museo nacional de arte de Cataluña) dónde pude realizar un interesante ejercicio de retrospectiva histórico-evolutivo y analizar con crudo realismo de dónde venimos, darme cuenta de dónde estamos y también percibir hacia dónde vamos.

En la sala renacentista, se presentaban elaboradas escenas religiosas de todo tipo, acompañadas de formas de tortura y mutilación, indignas de cualquier especie animal con la que nos podamos comparar. Dichas escenas dantescas, mezcladas con total naturalidad con supuestas experiencias místicas, me permitieron observar con meridiana claridad cual es el pasado en nuestra historia más cercana, aquella que está a la vuelta de la esquina todavía señalándonos con el dedo, aquella que revisando las fechas de los cuadros nos trasladaba al siglo XV, tan sólo 500 años atrás. Esos cuadros reflejaban actos plagados de la más absoluta inconsciencia, pseudo-religión y fanatismo disfrazado de misticismo.

Por otra parte, hoy y tan sólo 500 años después, podemos apreciar con absoluta claridad los avances conseguidos en los diferentes ámbitos de nuestra existencia, si bien, reflexionando de nuevo sobre nuestro actual estado evolutivo, parece percibirse por pura extrapolación espacio-temporal que necesitaremos otros 500 años más de evolución en las consciencias de los habitantes del planeta dada la situación en la que todavía nos encontramos de desarrollo.

Continuando en la exposición y caminando por la misma sala, observaba al resto de visitantes que, con caras de agotamiento, miraban los cuadros expuestos sin el menor interés o bien tomaban la sala cómo una especie de salón de juegos para niños y mayores, donde los guardias de seguridad tenían que intervenir para poner orden y proteger la integridad de los retablos.

¿Todavía necesitamos guardias de seguridad que nos digan cómo comportarnos? ¿Todavía cómo especie planetaria necesitamos ser tutelados, dirigidos, premiados o castigados por nuestros actos? ¿Cuánto tiempo más necesitamos evolucionar como especie para ser capaces de asumir de una vez nuestra propia responsabilidad en nuestras vidas y la vida en común sobre el planeta?

Emociones de bajo nivel alimentando a egos desbocados y sin control campando a sus anchas por aquí y por allá sin cesar de producir turbulencias por dónde pasan. Egos amantes del juego de la división y el enfrentamiento que tan bien han sabido utilizar aquellos que nos conocen mejor que nosotros mismos. Es por ello que no debemos creernos aquello que aún no somos, aunque aspiremos a convertirnos en aquello que realmente sabemos ser en el fondo de nuestros corazones. Aprendamos por tanto a reconocer, recordar y separar aquello que queremos (ego) de aquello que realmente necesitamos (ser) para que así, al final del proceso de transformación vectorial, dónde partimos de un alfa para llegar a un omega, consigamos parecernos más a esa especie aspirante a Humanidad que entre todos deberíamos construir.

Tampoco caigamos en la complacencia egoica del que cree que sabe algo, no vaya a ser que unas cuantas turbulencias en el camino nos devuelvan súbitamente a la realidad y así evitemos emular los divertidos y estrambóticos desaciertos de Leslie Neilsen en Aterriza como puedas. Recordemos que, al fin y al cabo, no somos más que aspirantes a Humanos en busca de ayuda para llegar a Ser y esa ayuda suele estar mucho más cerca de usted de lo que podría parecerle, sólo hay que escuchar y prestar atención desde lo más profundo de usted mismo.