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Hoy he tenido un sueño en el que ocurría que...:

Levanto el teléfono y marco un número que conozco pero que, sin embargo, jamás he visto anteriormente. Mi padre -que hace tan sólo unos días ha decidido regresar a casa después de una larga enfermedad- se pone el aparato.

-Hola papá. ¿Qué tal estás? ¿Dónde te encuentras? -Le pregunto.

-Hola hijo. Estoy estupendamente bien. ¡Este lugar es increíble! ¡Nunca había visto nada igual! ¡Deberías visitarlo algún día! -Su voz transmite una mezcla de sentimientos que oscilan entre euforia y paz ante la maravilla que debe estar presenciando.

-¡Vaya! ¡Cuánto me alegro! ¿Y dónde está ese sitio? -Le pregunto para poder ir a visitarlo.

-Pues está ... en ... algún día ... amplio ... luz .... -Y se corta la comunicación.

Mi madre también quiere saludarle pero al marcar de nuevo el mismo número de teléfono da el mensaje de línea no existente. La miro extrañado pero me siento feliz y muy relajado. Me encojo de hombros sonriendo.

Al salir al patio y justo ante el campo que se extiende delante de la casa, vemos con asombro a mi padre sonriente y con una enorme energía sujetando dos asas que sostienen a un globo enorme que flota en lo alto meciéndose con la brisa. De repente, una ráfaga de aire eleva rápidamente el globo a las alturas y mi padre sale volando gritando de alegría mientras se eleva hacia los cielos. Ya en las alturas comienza a realizar maniobras acrobáticas que resultan de una dificultad muy elevada pero que sin embargo él realiza con auténtica maestría.

A modo de despedida, pasa ante nosotros en un vuelo rasante por última vez y asciende veloz hacia los cielos hasta perderse en el horizonte más allá de dónde soy capaz de seguirlo con la vista.

En ese momento me despierto lleno de alegría, añoranza y paz mientras no dejo de sonreír emocionado.

Y así fue cómo un 28 de agosto del 2015, mi padre decidió regresar al lugar de dónde había venido. Ese mismo lugar del cual todos venimos.

Buen viaje papá. Nos veremos en casa.

L.A.P.

 

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