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Se lee con cierta frecuencia en la red algún artículo sobre la soledad del buscador, dónde por regla general el buscador se describe a sí mismo de forma implícita, cómo alguien superior al resto por haber descubierto la verdad. Cuando alguien se encasilla cómo solitario por saber cosas que otros no saben, el terreno ya está auto abonado para un sinfín de posibilidades o ventana de sucesos que el sujeto puede llegar a padecer. Salvo contadas excepciones el humano suele ser un ser social y por tanto intentará paliar en la medida de sus posibilidades esa soledad auto impuesta por sentirse superior a los demás dado su conocimiento. Aquí entramos en el peligroso y difuso mundo de organizaciones, grupos sociales, políticos, religiosos y de todo tipo, que siempre tienen los brazos abiertos y están en permanente busca y captura de este tipo de perfiles para su instrucción y manipulación con diferentes objetivos en cada caso.

Cuando el individuo que se siente diferente e incomprendido por la sociedad, aterriza en una de estas organizaciones, suele despertar en el sujeto cierta sensación de euforia inicial cómo consecuencia de haber encontrado el lugar al que pertenece que siempre estuvo buscando y que, de ahora en adelante, defenderá ciegamente con uñas y dientes de cualquier supuesta agresión externa. La identificación con el grupo suele ser tal, que una agresión al mismo se convierte en una agresión al individuo. Y al contrario, una agresión a un individuo perteneciente al grupo es una agresión al conjunto del grupo. Nótese que agresión es una forma de definir cualquier crítica, opinión o sentir que se aleje del patrón de pensamiento único de dicho grupo, cualquiera que éste sea. Lo que viene a continuación ya se lo pueden imaginar y lo pueden buscar en internet con mucha facilidad existiendo infinidad de estudios y análisis psicológicos al respecto y que superan el alcance de este post. Sin embargo, incidiré en un verbo que me servirá para la exposición que da título a este artículo: pertenecer.


Antes de continuar, algunas definiciones:

  • Pertenecer: Ser parte integrante de algo.
  • Implicar: Contener, llevar en sí, significar.
  • Identificarse: Llegar a sentir algo ajeno como propio, estar totalmente de acuerdo con las creencias o propósitos de alguien.
  • Pensamiento crítico: Proceso que se propone analizar, entender o evaluar la manera en la que se organizan los conocimientos que pretenden interpretar y representar el mundo, en particular las opiniones o afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas.

Cuando se pertenece a una organización del tipo que sea, suele existir también una implicación en las tareas que dicha organización lleva a cabo, ya que la identificación con el pensamiento del grupo que a su vez es la del individuo, nos lleva por acción coherente a aportar pensamientos, palabras o actos que sumen valor a dicho grupo y que se traducen cómo un reflejo en la sociedad circundante. Hasta aquí todo es normal, así funcionan todas las asociaciones de vecinos, partidos políticos, grupos religiosos, espirituales y cualquier otro que se les ocurra. El problema subyace y surge cuando esa pertenencia e identificación grupal anula cualquier atisbo de pensamiento crítico. Es un error común y por otra parte muy humano, aceptar cómo real, cómo verdad única insondable, aquello que surge de la organización a la que se pertenece y en la que el individuo se implica y, sin embargo, es a la vez una de las equivocaciones más peligrosas que podemos cometer.

El pensamiento crítico es aquello que, cómo bien explica la wikipedia, evalúa cualquier hecho de la vida cotidiana aceptado cómo verdadero sin reflexionarlo debidamente. La anulación del pensamiento crítico es lo que nos lleva a la identificación extrema y ciega con la causa que defendemos, convirtiéndola así en la única y real, siendo a partir de aquí de dónde surgen y se alimentan todo tipo de fanatismos, posiciones mentales cerradas y actitudes defensivas a cualquier idea externa que vaya en contra de la causa. La disonancia cognitiva suele ser a veces tan grave en el individuo que la negación a valorar otras posibilidades se puede llegar a transformar en doctrinaria y agresiva.

Desgraciadamente así funciona todavía nuestra sociedad en un amplio número de grupos y personas. Cómo ejemplo cercano, baste escuchar a cualquier integrante de un partido político que es incapaz de asumir críticas constructivas y mantener una apertura mental mínima para valorar de forma objetiva informaciones externas que incluso pueden ser contrarias a las tesis del partido. No expondré ejemplos de esto último porque los hay de todos los colores y siglas sin ningún tipo de distinción a lo largo de todo el planeta. En general todavía funcionamos en un mundo de bandos, de división y de enfrentamiento. Esto es normal ya que estamos todavía en un mundo dual dónde la consciencia humana aún no ha alcanzado la fase evolutiva necesaria para poder integrar las diferencias cómo algo enriquecedor, que lo serán siempre y cuando, surjan desde el respeto, sirvan para un crecimiento mayor cómo colectivo y raza planetaria, dónde mediante un proceso energético natural, se integre finalmente la riqueza de cada individuo, de cada Ser que lo compone para un bien mayor.


Aquí me gustaría incidir en el punto que da título a este artículo: Pertenencia versus Implicación y al que daré un matiz radicalmente anarquista cuyo lema rezaba: "¡Ni Dios, ni amo, ni patrón!". Pertenecer a algo con lo que compartes ideas está muy bien y es un elogio a la acción consciente, al pasar de la mera expectación y fascinación a la actuación y de esta manera dar forma a esa aspiración común cómo colectivo. La salvedad que siempre me gusta incorporar es que la pertenencia o no a una organización, no disminuye el hecho de la implicación profunda con dicho propósito o idea, sino que permite la libertad máxima de decir, hoy pertenezco a esta u otra organización, voto a tal o cual partido, pero siempre manteniendo viva la implicación. ¿La implicación con qué? Con lo que uno mismo contiene, con lo que lleva dentro de sí, con lo que significa, con lo que Es por encima de grupos, siglas, organizaciones, partidos o religiones y que le permite discernir si aquello que está haciendo se ajusta a su sentir más profundo. Recuerden que el Ser, aquello que ya Es, no es dual, no se balancea entre el juego de opuestos en el que vivimos inmersos cada día en nuestra actual existencia. El Ser es atemporal e infinito, ha estado y siempre estará con usted allí dónde vaya, oculto y expectante en el fondo de su interior más inocente, auténtico e impoluto, aquel con el que tiene que reconectar y volver a sentir mediante la coherencia entre aquello que se piensa, se dice y finalmente se hace, teniendo sus raíces en la consideración externa hacia al prójimo y el bien mayor tanto individual cómo colectivo.

Porque al final de la vida, la mayor traición que uno puede cometer consigo mismo es no haber sido fiel a quién ya Es perdiéndose en fantasías, convirtiéndose en un abraza farolas que finalmente no le habrá llevado a ningún sitio más que a desorientarse dentro de otro laberinto en la gran maraña de energía circundante que forma el Universo y que usted es el responsable de manejar. ¿Está preparado para eso? Si es así y quiere recuperar su poder, su brújula, el mando de su navío, recuerde que está dentro de usted mismo, con sus aciertos y errores, dónde la certera ruta de navegación, será la sabiduría previamente integrada a través de aquellos conocimientos que haya conseguido adquirir a lo largo de su actual existencia.


¡Buen viaje y mejor ruta!

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