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¿La reconoces mientras se acerca sigilosamente? ¿La sientes crecer en tu interior? Sí. Sabes lo que es. La presión aumenta sin cesar y no encuentras la válvula de escape correcta. El pulso se acelera, la presión sanguínea se dispara mientras te laten las sienes con fuerza y te va acorralando poco a poco atrapándote en su espesor vital. Y entonces cual botella de champagne burbujeante todo estalla y salta por los aires pero lejos de una festiva celebración, tus ojos inyectados en sangre buscan una salida de la prisión mientras notas ese sabor agrio aumentar en tu boca, es la bilis que llega precediendo a la ira que pugna por salir cual cascada de lava tras una erupción amenazando con destruirlo todo a su paso.

Desconoces de dónde llega, no sabes cómo manejarla y tampoco comprendes cómo va tomando forma en tu interior intentando apoderarse de ti lentamente con su garra estranguladora que te atenaza y asfixia cada vez con mayor fuerza. ¿La notas ahora? Ya la conoces. La has visto antes. No es tan sólo rabia desatada, es angustia existencial que se expresa a través de ti y pugna por salir de la única forma que conoce enojada contra todo lo que en ese momento esté rodeándote. 

A veces no la puedes soportar y cobardemente buscas culpables a tu alrededor porque no tienes el valor suficiente de soportar esa energía dañina y agotadora ni tampoco has sabido cómo exteriorizarla de forma constructiva, así que de forma inmadura e infantil culpas a cualquier ser que te rodee de esa insoportable densidad energética que no has sabido manejar.

Al igual que en Apocalipsis Now, el olor a napalm viene a tu mente porque por tu propia ignorancia y torpeza, no has sabido cómo expresar ese sentir de forma constructiva y acabas carbonizando tras de ti la hierba que pisas hasta las mismísimas raíces.

Después de eso, la energía se desvanace desprendida y malgastada de forma inútil pero al menos ya está fuera de ti porque si no, no lo podrías soportar. Una vez se ha ido, vuelve la calma y la comprensión aflora en medio de los vapores humeantes procedentes de los rescoldos todavía calientes y reflexionando, te descubres integrando en ti esa destrucción causada acompañada de aprendizaje, perdón y comprensión por la devastación provocada.

Una vez más acabas reconociendo esa energía interna indómita que no has sabido procesar y que te ha vuelto a dominar hasta que por fin un buen día, descubres que cómo de costumbre el que provoca el caos y el que busca la reparación no están fuera sino dentro de ti y no hay nadie a quién culpar ni acusar. 

Así se repite el ciclo una y otra vez hasta que acabas por comprenderla e integrarla descubriendo por fin que el origen de todo aquello proviene de una lejana sensación de hastío y cansancio que has manejado de forma poco productiva. Y de nuevo sonríes y lo integras en ti comprendiendo que la próxima vez lo sabrás hacer mucho mejor y entenderás que toda esa angustia existencial es tan sólo energía atascada que no has sabido liberar.

Y sabes que cuando vuelva a ti, recordarás respirar, sabrás alejarte, saldrás a pasear, gritarás en lo alto de una colina, correrás, saltarás, cantarás o bailarás transmutando esa angustia en una energía de una polaridad mucho más positiva y transformadora para uno mismo y para todo el que te rodee. 

Así que no te inquietes, no la niegues, es fácil, siéntela, deja que te invada pero no te fundas con ella, sólo deja que pase a través de ti y recordarás ese espíritu adolescente que de vez en cuando vuelve a zarandearte de tu cómoda vida a sacarte los restos vitales acumulados y así poder preparar el terreno para el nuevo avance existencial.

¿Podrás aguantar el tirón la próxima vez que ocurra? Ni lo dudes, sólo hay una respuesta buena: ¡SÍ!