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Ruido

Efectos del ruido

Podemos calificar al ruido como: una sensación auditiva inarticulada generalmente desagradable que, en el ámbito de la comunicación sonora, se define como todo sonido no deseado que interfiere en la comunicación entre las personas o en sus actividades. Suele cumplir además otras características como disarmonioso, invasivo y molesto a quién lo escucha. Invariablemente, el ruido desencadena en el sujeto receptor, sensaciones desagradables que serán más o menos incordiantes en función del volumen al que sea generado.

El ruido es además un claro antónimo al silencio. Ese silencio que nos transmite calma, paz y sosiego, dándonos la oportunidad de dejar el espacio suficiente para permitir acallar al ego y poder así retomar nuestro punto de quietud. Sin embargo, en la sociedad actual en la que vivimos y, al igual que con muchas otras cosas, se ha producido una inversión de significado en torno a lo que es normal, al retorno al punto de equilibrio, dónde el ruido ha pasado a sustituir al silencio de forma anormalmente habitual.

¿Quién no ha viajado alguna vez en metro, en tren o en autobús, dónde parece que el silencio molesta y ha de ser rellenado con música, palabras carentes de contenido y un sinfín de estímulos externos ruidosos que, con demasiada frecuencia, no suelen mejorar en absoluto el silencio natural que nos rodea? En esos momentos es cuando conviene recordar el viejo proverbio árabe que afirma sabiamente: "Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio."Proverbio árabe

Continuando la reflexión y sentado al lado de algún viajero, he escuchado lo que ellos escuchan a través de sus auriculares que, con frecuencia, suelen estar a un volumen más alto de lo es recomendable para la salud de nuestro sistema auditivo y por cierto que quizás, eso expliqué también por qué nadie es capaz de escuchar a nadie. Estos viajeros suelen cambiar de forma compulsiva de canción, no han acabado de escuchar una y ya están cambiando a la siguiente, mientras simultáneamente, envían un mensaje a un tercero y ojean un periódico desinformativo.

Ese estado, que calificaré de alterado, nos aleja de nuestro centro, de nuestro punto de equilibrio y nos convierte en personas que sólo reaccionamos de forma contínua ante estimulos externos. Ya no somos capaces de disfrutar de una canción, ni de un buen libro, ni de una conversación gratificante que no vaya más allá de nuestro cacareante ego bocazas e incansable que siempre tiene algo más que añadir, o algo mejor que hacer o una cosa mejor en la qué pensar.

Efectos del ruidoTodo ese desequilibrio interno que tan bien incita la sociedad en la que vivimos, acaba por provocar en el sujeto desórdenes que le incapacitan para explicar de forma coherente y lógica el por qué de tanto estrés, irritabilidad, hipertensión y, en general, el por qué de ese estado alterado y provocado de conciencia que además nos lleva también a realizar más actos compulsivos sin siquiera ser conscientes de por qué los cometemos. Comemos deprisa, corremos para llegar a lugares a dónde ni siquiera queremos ir, tenemos prisa por llegar a ninguna parte, dormimos mal pensando de forma reiterativa cual bucle infinito o lavadora centrifugando, en hechos que no nos aportan nada, tomamos pastillas para dormir, ansiolíticos, antidepresivos y así la cadena hacia el desastre continua irremediablemente hasta el fin, a no ser que alguien detenga la caída al abismo de un puñetazo en la mesa y diga: ¡Basta ya!

Asimismo el ruido interno se acaba manifestando en ruido externo, ya que incapaces de acallar nuestros pensamientos y estúpidas inquietudes banales, nos regodeamos en ellas, cual cerdos en un lodazal y además, cómo somos incapaces de acallarlas, buscamos en el mundo externo a nosotros más ruido y a mayor volumen para poder silenciarlo. Es similar a una discusión en la que está escuchando algo que a su ego le molesta de tal forma, que sólo busca acallar a gritos a su oponente, a su supuesto rival, a su nuevo enemigo, olvidando una vez más que los demás son tan sólo un reflejo de nosotros mismos, de nuestros pensamientos, palabras y actos. 

¡Cállese! ¡Escúchese! ¡Aléjese del ruido y guarde silencio! Deje espacio suficiente en su enmarañada mente para que a través de esa quietud aparezca un rayo de luz que le hará comprender quién es usted y por qué y para qué está aquí, que suele ser para algo más que escuchar música a todo volumen sin ton ni son.

Asimismo, huya del ruido ajeno si no puede hacer entender al emisor del mismo lo que está haciendo. Y cuando digo huya, no lo digo exclusivamente en un sentido físico sino también en un sentido mental y espiritual. El ruido ajeno puede llegar a convertirse en una especie de virus, una infección parasitaria que, sin saber usted muy bien cómo, le acaba invadiendo y le contagia actitudes y formas de pensar y reaccionar que ni siquiera son suyos y sin que usted se percate.

¿Ha pensado alguna vez que aquello que está pensando o sintiendo podría no ser exclusivamente suyo? ¿Es posible que existiese algo latente en su interior que está reaccionando, mimetizándose y magnificando el ruido ajeno? Si es así y llega a reconocer y separar emociones o pensamientos ajenos en su mente, medite también en por qué le afectan tanto ya que le está transmitiendo un valioso mensaje de algo que debe corregir en su interior. Tan sólo es la forma externa de un sentimiento interno que todavía debe depurar.

El comienzo de la sabiduría

Se suele afirmar que del dicho al hecho hay mucho trecho, pero el dicho y el hecho, se asocian de forma natural mediante un componente alquímico infalible: la voluntad. Una vez más y a otra escala, es la búsqueda de la coherencia entre pensamiento, palabra y obra. La eterna búsqueda de la trialidad, la unificación del dicho y el hecho mediante el pensamiento. Recuerde que todo en esta realidad funciona mediante tríadas y, por tanto, eso le dará pistas de aquello que debe unificar y equilibrar en su interior.

Asuma por tanto y comprenda el ruido que le rodea, que le inunda, que le invade cada día y transmútelo en silencio, estudiando su interior en busca de una respuesta que unifique los opuestos en una nueva energía que sólo usted puede elegir controlar, procesar y generar para así conseguir reducir, transformar y eliminar el ruido externo, el ruido interno y el ruido ajeno, en el silencio equilibrante y sanador que finalmente, no deja de ser otra puerta de acceso a su interior, a su yo más profundo, a su Ser, que ajeno a todo ese barullo mental, le espera paciente, con una comprensión y amor infinitos justo dónde menos lo espera: el silencio interior.

El silencio

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Desdoblamiento

Con cierta frecuencia y a medida que nos vamos haciendo cada vez más conscientes de nosotros mismos, puede llegar a ocurrir un fenómeno que llamaré desdoblamiento.

¿En qué consiste el desdoblamiento? Se trata de que usted, como entidad consciente de sí misma, sea capaz de verse por completo desde fuera de usted mismo. Puede seguir realizando sus tareas cotidianas con la misma destreza -o torpeza- con las que las suele realizar de forma habitual, sin embargo, ha conseguido realizar una separación suficiente para conseguir observarse, estableciendo por primera vez una clara distinción entre sujeto y objeto de sí mismo. Usted puede verse, pero no se reconoce en la imagen que ve. Ve a alguien que se levanta por la mañana, desayuna, sale de casa y se dirige a su lugar de trabajo cotidiano. Ficha a la entrada de su puesto, desempeña su labor e interactúa con sus compañeros de trabajo a lo largo de su jornada laboral. Al finalizar el día, ficha de nuevo a la salida y de nuevo, vuelve a su casa para descansar y reponerse para, a la mañana siguiente, repetir el ciclo. Una octava corta repleta de mini octavas que, en cuanto a hechos puramente externos, tiende a perpetuarse día sí y día también.

En numerosas ocasiones esto provoca en el sujeto cierta angustia vital, pues la perpetuación o repetición sistemática de sucesos, nos lleva a realizar con cierta frecuencia un análisis superficial de nuestra existencia, dónde sólo somos capaces de ver hechos idénticos que se repiten una y otra vez en un gran bucle sin fin, al igual que en el mito de Sísifo, que fue castigado por los dioses a perder la vista y a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, desde donde debía recogerlo y empujarlo nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente durante toda la eternidad. No obstante, si realizamos un análisis más minucioso de nuestra realidad, podemos observar que no existen jamás dos días idénticos en nuestras vidas por más que nuestro insatisfecho ego así pretenda hacérnoslo ver.

A un nivel más detallado, podremos percibir cómo es nuestra interacción con la realidad circundante, con los demás y por ende, con nosotros mismos, reflejándonos cual espejo, en los pensamientos, palabras y actos de la vida cotidiana de todos aquellos seres humanos con los que hemos de lidiar y sirviendo como recordatorio también de que jamás ocurre nada por casualidad en nuestra vida y que todo, absolutamente todo, ocurre por un motivo determinado. La ley de la conservación de la energía funciona de forma idéntica para todo en esta realidad, desde lo macro hasta lo micro y, por tanto, no piense que los sucesos cotidianos o personas que se le presentan en su vida, ocurren sin una intención inicial y un propósito final bien definidos. Otra cosa bien distinta es que usted disponga del suficiente conocimiento interior y sabiduría para aprovechar estos eventos como lecciones de entrenamiento o aprendizaje en su trayectoria vital en esta realidad. Ahí está el reto diario.

A un nivel más microscópico, el proceso de observación continúa, pues como es arriba es abajo y como es abajo es arriba y la fractalidad, eternamente presente en la leyes de construcción de este Universo, no cesa jamás en su actividad creadora dónde, como insinuaba anteriormente, usted forma parte de lo creado y del creador, de lo observado y del observador, en un flujo energético vital de transformación continuo, convirtiéndose en transmutación desde el momento en el que usted se hace cargo por completo de toda la situación que le rodea y de su propio universo particular, aprendiendo a gestionar esa energía a su favor y de los demás.

Ampliando más todavía nuestra capacidad de abstracción y realizando en esta ocasión el recorrido inverso, de lo micro a lo macro, podemos llegar a enfocar nuestro día a día con una riqueza y una variedad llena de infinitos matices cambiantes a medida que nuestra atención consciente se centra en ellos para su análisis.

 

Es ahí cuando para muchos, aparece una llamada al cambio que se refleja o, mejor dicho, busca como reflejarse en su mundo exterior. De repente, en un trabajo que le resultaba monótono, ya no ve el trabajo en sí mismo, sino una oportunidad más de mejora y un sinfín de matices que manejar tanto en uno mismo como los demás. Lo gris adquiere de repente un variado colorido rico en matices en toda su gama de frecuencias disponibles.

Del mismo modo puede ocurrir que surja una incómoda necesidad de rechazo con todo lo viejo, con todo lo que hemos de dejar atrás para dejar el espacio suficiente para manifestar la nueva realidad emergente. Como se suele afirmar, es tirar lo viejo para que llegue lo nuevo, vaciar la copa y volver a llenarla otra vez, desdoblarse y observarse, hasta que llegue el momento en que mirando hacia atrás, descubra que usted es todos esos dobles simultáneamente y ninguno a la vez, donde ellos sólo son el resultado de una proyección holocuántica de su realidad interior.

Este proceso puede repetirse una y otra vez a lo largo de toda su vida en un permanente ciclo o vórtice en espiral ascendente que tiende a aminorar su velocidad de rotación a medida que ganamos en conocimiento y en sabiduría.

Finalmente llegamos al punto dónde ya no vemos ni a nuestros dobles ni tampoco ninguna copa que vaciar o llenar, sino tan sólo energía consciente fluyendo de forma permanente a nuestro alrededor que toma forma definida en su proyección en la realidad subjetiva tridimensional que habitamos.

Recuerde que esa energía es aquella de la cual sólo usted es el responsable final, tanto de su manejo, como de la forma definitiva que ha de tomar en el tramo de existencia que le corresponde como cocreador de este Universo general y el suyo en particular, coexistiendo a su vez con millones de Seres creadores de otras realidades pero que conviven con la suya, interseccionándose los unos con los otros, dando forma definitiva a este maravilloso Universo que juntos habitamos.

 Mundos Internos, Mundos Externos: La espiral

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Take a walk on the wild side

Una vez que caminamos por nuestra propia senda y nos percatamos de que la verdad absoluta no existe y nos hemos empezado a convertir en algo más flexible de lo que inicialmente eramos, vamos expandiendo de forma paulatina nuestra esfera de consciencia dónde, ampliando poco a poco la superficie del círculo, comenzamos a abarcar nuevos espacios inicialmente ocultos a nuestros sentidos.

Esa nueva superficie ampliada A, es lo que podemos denominar como ΔC, siendo C la consciencia que podemos soportar en nuestro universo particular de creación y observación. El ego no le permitirá ver más allá de lo que desea ver, pero el Ser como unidad adimensional tiene acceso a todo aquello que necesita integrar o comprender. Por último, usted como humano que comienza a descubrir la realidad se encuentra, en cierta forma, atrapado entre ambos.

Poco a poco y sin que se percate de ello de forma consciente, irá surgiendo en su interior una llama que alumbrará su camino. Tenuemente al comienzo pero, a medida que aprenda a confiar en ella y desarrolle sus sentidos multiempáticos -la famosa intuición entre otros- se irá adentrando cada vez más en terrenos que hasta entonces apenas había siquiera considerado. Se trata de adentrarse en lo desconocido para el ego, pero sabido para el Ser.

Esos primeros pasos balbuceantes se asemejan a los de un niño aprendiendo a caminar. Surgirá el temor y llegarán los tropiezos y caídas en el camino pero si mantiene su voluntad firme y aplica constancia en su decisión, se internará en parajes que hasta entonces eran inescrutables para usted. Se está comenzando a internar en una zona peligrosa para su ego y ahí es dónde pueden llegar a saltar todos sus mecanismos defensivos.

La duda comienza a crecer en su interior. Esa duda parece razonable, porque está sujeta a la lógica, a su lado más racional, al lado izquierdo del cerebro y es probable que la escuche. Dará entonces un paso atrás y retrocederá a su anterior zona de seguridad, dónde su Universo acotado y seguro, le volverá a transmitir una falsa sensación de tranquilidad y confort, al igual que una madre le canta una nana a su pequeño para calmarlo y adormecerlo nuevamente.

Pero en todo este proceso surge un inconveniente, una vez que usted ha pasado a la zona peligrosa, una vez que ha traspasado por primera vez el velo de lo conocido y haya transitado por el lado salvaje, ya no hay vuelta atrás posible. Al igual que en Matrix, se ha tragado la pastilla roja y puede momentáneamente ignorar eso que ha vislumbrado, pero tarde o temprano si es usted un buscador honesto consigo mismo, volverá a recibir la llamada y sentir de nuevo esa astilla tan molesta que se clava en su corazón y en su mente llamando silenciosa desde su interior.

Cuanto más vuelva al país de las maravillas, más querrá saber y adentrarse en él. Sentirá un furibundo impulso de búsqueda de información externa a usted y, como guía en la oscuridad, unas veces le indicará que su camino es correcto o bien que la ruta que sigue no es la suya. Pasará un tiempo más y es probable que tanta información acabe por cansarle, agotarle e incluso aburrirle, pero la puerta ya está permanentemente abierta.

No espere destellos de luz, fuegos de artificio o luces de neón señalando su paso. El camino que empezará a percibir es duro inicialmente y le llevará por dificultosos derroteros que le obligarán a plantearse todo aquello que daba por sentado de usted mismo y de la realidad que le rodea. Recuerde además que la gente no quiere saber la verdad incómoda y comúnmente prefieren las mentiras confortables para mantenerse estable y tranquila, pero estancada.

Una vez que se haya llenado de información externa, su círculo o esfera de consciencia se habrá extendido hasta un límite lo suficientemente grande que habrá saciado a su Universo particular y su sed de conocimiento, sin embargo, el proceso no finaliza ahí. Llegado el momento y una vez que retomamos el punto de quietud, se dispara de forma sutil, un curioso mecanismo interno que le lleva a integrar en su universo particular el conocimiento adquirido, dándole la forma que su Ser necesita y no la que el ego desea de forma muy similar a como funciona un toroide senoidal que vuelve a traer información de vuelta a su Yo más profundo. La copa se vacía y transmuta en otra energía para dar cabida a su vez, a la nueva información que le llegará y que su modificado universo interno le hará buscar.

Toroide

Este proceso se repetirá una y otra vez hasta que llegado un determinado momento, la búsqueda cesará y tan sólo percibirá una extraña sensación de certeza, de conocimiento, de seguridad en sus acciones y, donde antes apenas conseguía gatear con miedo a lo desconocido, ahora se dejará guiar por esa llama interna suya, personal e intransferible que ha sido marcada para usted en su propio ADN de creación.

¿Lo escucha? Preste atención. Es la necesidad de silencio que se abre paso en su mente. Es la primera llamada de su Ser emitiendo una señal que se perpetúa a través de toda la creación consciente.

Le llama a usted.

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Experimentos y combinaciones

formula

Las combinaciones en el lenguaje matemático clásico son: "números estudiados en combinatoria que corresponden al número de formas en que se pueden extraer subconjuntos a partir de un conjunto dado". Ampliando su significado, estas combinaciones son aplicables a cualquier sistema donde queramos observar qué variantes se producen cuando mezclamos dos o más componentes con diferentes propiedades. 

combinatorios

Cuando usted aplica esta fría metodología a la naturaleza visible o invisible que le rodea y su consciencia es capaz de abarcarla sin temor a la duda, entonces es cuando las combinaciones se disparan y se comienzan a obtener resultados tangibles según sea la intención inicial y el propósito final vertidos en el experimento.

Les pondré un ejemplo concreto de experimento, dónde utilizaré varios elementos disponibles al alcance de cualquiera:

Siéntese delante de un espejo (elemento combinatorio 1) y sientan de forma consciente que quieren establecer una comunicación con alguien a quién no ven desde hace mucho tiempo y que echan mucho de menos (elemento combinatorio 2).

A su vez, despejen de su mente cualquier atisbo racional de duda y establezca un completo desapego en las expectativas del resultado del experimento (Este acto consciente será el elemento combinatorio 3).

A todo esto sumamos sus propios sentidos multiempáticos, más o menos desarrollados, como elementos propios de percepción de la realidad no visible, sea usted consciente o no de los mismos (elemento combinatorio 4). Éste cuarto elemento pueden ser sus capacidades oníricas, telepatía, visiones, sonidos o cualquier otra forma de percepción que supere a los cinco sentidos habituales. La variedad puede ser infinita ya que cada uno de nosotros soporta o abarca ciertas características apenas desarrolladas en el estadio evolutivo actual del ser humano.

Así pues, ya tenemos los cuatro elementos combinatorios posibles.

elementos

Al establecer usted una intención inicial y un propósito final concreto, está también cerrando de forma consciente el ámbito o ecuación de elección posible sobre las variantes del conjunto esperado de resultados. Cuando ocurre todo esto, se encuentra usted perceptivo y en un estado mental suficientemente abierto para que ocurran resultados medibles.

Dichos resultados se convierten en aquello que escapa a la lógica y al mundo racional al que está tan habituado y dependerá exclusivamente de usted enlazar los puntos que han provocado dicho desenlace final.

No esperen una fácil comprobación empírica, pues en condiciones, situaciones o características aparentemente idénticas, el experimento realizado bien podría no dar los mismos resultados. ¿Invalida esto al experimento? En absoluto. Tenga en cuenta que su capacidad de controlar estos elementos combinatorios mencionados tan sutiles son finalmente, elementos alquímicos energéticos siendo tan delicados que la más mínima fluctuación en cualquiera de ellos afectará al resultado final esperado.

Para más inri, el Universo, la galaxia, todos los sistemas solares y sus respectivos planetas, no permanecen jamás en la misma situación sino que continúan su avance expansivo a través de la materia oscura variando su posición espacio-tiempo y por tanto modificando de forma sutil la cantidad de energía que reciben y generan en una determinada coordenada espacial.

Continuando con el ejercicio propuesto, quizá esa noche tenga un sueño revelador o vívido que le transmita el mensaje que, sin percatarse de forma consciente, estaba esperando. Como les decía las variantes son infinitas y los elementos combinatorios alquímicos a emplear también.

Ars combinatoria

Experimente, juegue y disfrute con la energía que le rodea, pero siempre utilizándola con un fin mayor que su acotado ego. Recuerde que el crisol de la mezcla alquímica, el soporte físico de la misma, el Grial, es usted mismo. No se engañe, el experimento y lo experimentado son finalmente lo mismo y por tanto, ni los resultados serán los mismos, ni usted será el mismo después de cada experimento.Todo es energía en movimiento, energía consciente de sí misma y que usted, con consciencia, puede llegar a percibir y manejar.

Todo cambia, todo gira, nada permanece inmóvil en este Universo ya que ese movimiento es la base de la vida, sin él estaríamos en una continua repetición, en un estancamiento perpetuo y le aseguro que eso no es lo que está planificado en esta gran obra de arte universal de la que formamos parte.

¿Esperaba usted un viaje tranquilo y confortable en su periplo? ¡Bienvenido a la realidad!

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La flexibilidad

La flexibilidad

Existen multitud de refranes y dichos populares que nos recuerdan aquello de que: más vale ser flexible como el junco, que rígido como una roca, pues aquello que es flexible crece alto hacia el cielo y simultáneamente, hunde sus raíces en la tierra para asentar sus cimientos. El tronco de dicho árbol se mece con el viento y se balancea de un lado a otro cual junco en la ribera de un río y en cada bamboleo gana un poco más de vigor y resistencia entrenándose con los elementos, el viento, la lluvia y todo tipo de inclemencias meteorológicas.

En cambio, lo rígido, aquello encerrado dentro de sí mismo y que no admite el cambio, acaba por resquebrajarse con el paso del tiempo o, en su defecto, desgastándose hasta ser una pobre caricatura de lo que era originalmente.

La vida y su influencia en nosotros es muy similar. Esta comparación, no es algo original ni novedoso que no se haya mencionado cientos de veces antes, pero sí que conviene de cuando en cuando repasar y traer a nuestra memoria este concepto disfrazado de metáfora.

Si hay algo en los humanos que todavía hoy rige su vida, es la poca flexibilidad que muestran ante todo tipo de acontecimientos vitales. Nos aferramos a nuestra verdad como si fuese única e inmutable defendiéndola con uñas y dientes si percibimos que es atacada o siquiera puesta en duda. Esto ocurrirá una y otra vez en nuestra vida hasta que no podamos comprender y sentir el punto de vista del otro y lo que a su vez, le ha llevado a tener esa visión de la realidad circundante.

La verdad egoica es aquella que nos define, que si creemos ver agredida con críticas ajenas, pone en peligro a nuestro ego. Éste genera miedo y nosotros respondemos defendiéndonos del supuesto ataque ya que asociamos ego con yo y si este se ve atacado o desautorizado, ¿qué nos queda?

Siempre estamos ante la misma trampa: confundir verdad con ego y éste, a su vez, con el yo. Un ataque al ego y sus creencias, lo asociamos con un ataque personal y, por último, creemos que también agrede a nuestra verdad inmutable y única de nuestro arquetipo individual de la existencia y de nuestra vida.

¿Eres flexible?

Como intentaba explicar en el artículo la verdad fragmentada, no existe una única verdad válida en el Universo. Es precisamente por ello que aceptar la verdad ajena, se convierte en un ejercicio de flexibilidad personal e intransferible. La flexibilidad, por tanto, nos lleva a un estado de humildad único porque en dicho acto, no sólo aceptamos la verdad del otro, sino que reconocemos de forma implícita que tampoco nuestro punto de vista es tan valedero, sino que debe acomodarse con la verdad general de la que todos formamos parte.

Igualmente conviene distinguir entre flexibilidad y sumisión. La sumisión es un acto de violación de la propia flexibilidad personal y una intromisión dentro del libre albedrío de cualquier humano. Cuando llegamos a este punto, la flexibilidad se tensa demasiado, llevando al individuo que cede a la voluntad de un tercero a un punto cercano a la ruptura.

Como de costumbre, todo debe ser balanceado entre los opuestos y debe ser llevado a su punto de equilibrio. De forma natural, la propia naturaleza nos muestra la importancia del equilibrio en todo lo que nos rodea.

Un ejemplo concreto podría ser el crecimiento de los juncos en un cañaveral o el de los eucaliptos en el bosque. El mismo roce de las ramas entre ellos, sirve de guía para unos y otros en su crecimiento, apoyándose y elevándose en sutil armonía.

Así es la flexibilidad y una de las claves principales para permitirnos un correcto crecimiento hacia las alturas.

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