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Abriendo brecha

En numerosas ocasiones cuando intentamos transmitir información, nos puede el desánimo debido a la oposición frontal al mensaje que pretendemos transmitir y que se percibe en nuestro interlocutor al intentar administrar dicha información. Es en estos casos cuando pueden surgir en nosotros sentimientos diversos tales como fracaso e impotencia ante tal situación. Si además sumamos a eso nuestra propia impaciencia, el conflicto está servido.

Olvidamos con bastante frecuencia que todos hemos atravesando un proceso similar donde cada uno espera un determinado tipo de información en cada momento de su vida según su esfera de consciencia pueda abarcar.

Demasiada información saturaría los circuitos neuronales y mentales de nuestro interlocutor causando en el mejor caso indiferencia y, en el peor, un absoluto rechazo.

A su vez poca información puede provocar una total falta de interés en nuestro oyente, con lo cual, tampoco habremos removido ni perforado ningún mecanismo de defensa del sujeto ni, por tanto, ninguna creencia firmemente establecida en el ego del mismo.

Transmitir información es un arte que cualquiera que desee practicarla debe entrenar, pues las necesidades de cada individuo son muy diferentes y descubrirlas, forma parte del entrenamiento de cualquiera que se arriesgue a esta difícil pero gratificante tarea.

aguaImaginen un estanque de aguas tranquilas y estáticas y asocien esa imagen con la mente de cualquier unidad de carbono humana. Si usted tira una piedra muy pequeña en el mismo, puede ocurrir que apenas afecte a la tranquilidad de sus aguas. Igualmente si arroja una piedra de gran tamaño, las ondas producidas en su superficie pueden ser enormemente violentas expulsando el agua fuera del recipiente.

La mente humana funciona de una forma similar. Se aferra de forma instintiva a la seguridad de lo conocido, de lo firmemente establecido y en cuanto algo sacude los cimientos de la estructura de creencias firmemente implantadas en la mente del individuo, saltan todos sus mecanismos de defensa con el ego como abanderado a la cabeza de todos ellos. Al ego le inquieta el cambio y el cuestionamiento de la realidad que conoce y luchará aferrándose con todas sus fuerzas para defender su territorio y el espacio que ha ganado a pulso en la mente del sujeto. Cuando la identificación del ego y la mente humana es máxima, la resistencia al cambio también lo es, hecho bien conocido como disonancia cognitiva (https://es.wikipedia.org/wiki/Disonancia_cognitiva)

disonancia

Por el contrario, cuando dicha identificación se comienza a fragmentar, el admitir al menos la posibilidad de un nuevo punto de vista, de una nueva información, se hace posible en la mente humana. Así pues un buen método de ataque al ego y sus creencias firmemente establecidas es sembrar la duda incómoda razonable. De esta forma podemos llegar a una efectividad máxima en el objetivo perseguido.

Para derribar un sólido muro, lo más efectivo suele ser hacer una pequeña brecha en el mismo y, posteriormente aplicando el desapego en la acción emprendida, esperar pacientemente a que éste se derrumbe por su propio peso. Al igual que la gota de agua acaba modelando cualquier sólida piedra por resistente que ésta sea.

piedra-agua

Cuando dicha duda incómoda pasa a convertirse en un reconocimiento de "no lo sé todo" y cambia hacia algo menos rígido, habremos conseguido en el individuo la transformación del pensamiento más o menos dogmático, en otra forma de analizar la realidad pasando a un agnosticismo (https://es.wikipedia.org/wiki/Agnosticismo) más humilde, inteligente y honesto que reconoce que desconoce y, por tanto, admite la posibilidad de aprender y desaprender de forma constante recordando aquello de: "No tengo la razón de nada, simplemente me atrevo a buscar la razón de todo".

Además este agnosticismo permite abrir una puerta de comunicación oculta en nuestra mente, aquella que había cerrado el ego, aquella que nos lleva a nuestra verdadera esencia, a nuestro Ser más profundo y que nos ayuda a recordar quiénes somos realmente y qué hemos venido a hacer aquí.

Una vez abierta esa puerta hacia el Ser, el camino y su exploración es suyo y sólo suyo. Es aquel que viene marcado en el ADN de su propia creación.

camino

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La ayuda

Cuando alguien se acerca a otra persona en busca de ayuda, cuyo significado según la RAE es prestar cooperaciónrealiza un acto de fraternidad, de apoyo en el hermano, de cooperación mutua. Esa ayuda va asociada previamente, al esfuerzo e intento personal del individuo que la solicita, es decir, antes de solicitar dicha ayuda, hay un prerequisito previo de concienciación y esfuerzo personal inherente a dicha petición. En resumidas cuentas y, siendo muy abstractos, podríamos representarla con la siguiente figura:

ayuda-esfuerzo

Si dicho ciclo es similar a ese patrón anterior, entonces pedir ayuda en cualquiera de sus estados es un acto que nos da poder, nos da reconocimiento de nuestros límites, donde una vez aceptados y siendo imposible por nosotros mismos superarlos, buscamos la cooperación de nuestros iguales, una mano amiga que nos de el pequeño empujón que necesitamos en ese momento pero, en ningún caso, cedemos un ápice de nuestra energía, sino todo lo contrario, aprendemos de alguien que coopera con nosotros en la resolución de un problema ofreciéndonos un punto de vista diferente de la misma situación que, por nosotros mismos, no hubiésemos sabido ver. Es por tanto, prestar cooperación, ser mejores y sentirnos acompañados en un tramo de nuestro camino vital.

Pero ¿qué ocurre con cierta frecuencia? La persona que solicita ayuda la espera de forma automática y sistemática. Convertimos por tanto dicho acto altruista de cooperación natural entre dos iguales, en un acto de sumisión y dependencia. La transformamos en un círculo de carencia, de falta y renuncia de nuestro poder y de su reforzamiento mediante la actitud de víctima.

La víctima ha cedido su poder personal, su energía vital, en aras de una supuesta carencia que suele partir de una actitud mental mucho antes que de un plano material. El "no puedo" se convierte en una forma de vida y por tanto, la necesidad permanente de ayuda queda plenamente justificada en la psique de la víctima.

ayuda-victima

Le llamo la secuencia del victimista. El victimista no pide ayuda desde su propio poder personal, sino que asume que no lo tiene, traslada esa carencia a los demás y además los culpabiliza por "no ayudar", por no ofrecer dicha ayuda de forma reiterada y sistemática.

Lo importante del asunto es la tremenda y angustiosa sensación de vacío que transmite esa persona y su necesidad permanente de la energía que le puedan aportar terceros. Se convierte de forma inconsciente en una especie de vampiro energético que además refuerza su actitud con la colaboración bienintencionada de los demás.

Considero una ayuda sana, aquella en la que la mano siempre está tendida y se ofrece allí dónde se requiera de forma desinteresada. Cuando esa ayuda no sirve para esa función, sino para reforzar el patrón de comportamiento asociado, tanto de víctima como de buen samaritano, contribuimos de forma inconsciente al menosprecio del victimista, reforzamos su recurrencia en una actitud de carencia y le restamos poder, pues el mensaje que le llega a su subconsciente es "Sin ti no soy naday, a quien la ofrece, le sirve para de forma retorcida, convertirse en una especie de buen samaritano con aires de superioridad, transmitiendo el mensaje de "Sin mi no eres nada". Finalmente esa nada siempre recae en el mismo lado débil de la balanza anclando y minusvalorando a la persona solicitante de dicha ayuda.

Reconozcamos el poder de los demás y fomentemos su poder personal intransferible, así como el nuestro, con nuestros pensamientos, palabras y obras. Al hacer esto, aplicamos de forma totalmente consciente la consideración hacia el prójimo en su máxima expresión y potencialidad, devolviendo el poder a quién siempre lo tuvo desde el inicio, uno mismo.

 

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La he cagado

En lenguaje de la calle, llamamos "cagada" a cuando cometemos un error. La cagada puede acompañarnos lentamente (estreñimiento) o de forma rápida (diarrea).

En el caso del estreñimiento, la cagada nos acompaña durante días. Al comienzo al individuo le cuesta admitir los síntomas y busca infusiones de todo tipo y soluciones externas para solucionar el problema que él mismo se ha ocasionado.

La diarrea en cambio sigue un proceso muy rápido y el flujo intestinal corre libre y sin freno en dirección de salida, ocasionando en el sujeto la desagradable sensación de que si no se la quita pronto de encima le acompañará de forma menos agradable en breves instantes.

En ambos casos, la cagada nos acompaña días u horas, dependiendo del tipo mencionado. Nos quejamos, nos lamentamos, la procesamos y finalmente la aceptamos y actuamos en consecuencia.

Lo importante es no encariñarse con la cagada sino aceptarla, dejar que se vaya y corregir la ingestión de alimentos que nos ha producido dichos síntomas tan molestos.

la cagada

En nuestras relaciones diarias la cagamos frecuentemente, unas veces por acción y otras por omisión. Las cagadas, no nos engañemos, no son agradables porque generalmente nos muestran algo de nosotros mismos que no nos gusta y que de forma bastante infantil muchas veces tendemos a ocultar con un tupido velo como si nunca hubiese ocurrido.

Otro recurso habitual es la búsqueda de culpables fuera de uno mismo, las frases son siempres similares, "es que me dijo que", "es que me molestó que", "es que me acusó de" y, nuestro ego dolido, busca esquivar su propia responsabilidad en el error.

En pocas ocasiones, tenemos la honestidad de reconocer nuestro desacierto, primero con nosotros mismos y como evolución lógica, con los demás. Perdonarse a uno mismo es aceptarlo ante los demás reconociendo nuestros fallos sin excusas ni paliativos, pidiendo las oportunas disculpas por el daño ocasionado. Si hemos conseguido esto último, habremos dado un paso de gigante en realizar un cambio en nosotros mismos, un cambio real que sale del corazón y de lo más profundo de nuestro Ser.

Las cagadas ocurren constantemente y durante toda nuestra vida y, frecuentemente, nos muestran como un espejo, justo aquello que necesitamos cambiar y poder así utilizarlas en el crisol del alquimista, consiguiendo así, la transmutación, la transformación del material más vulgar en materiales nobles y de más valor.

Cada cagada y cada acto consciente de reconocimiento de la misma y su actuación en consecuencia, supone un paso más en el avance del individuo, en la pequeña mejora diaria de uno mismo, en incorporar de forma real una nueva lección en esta escuela planetaria en la que, no nos engañemos, todos somos alumnos aprendiendo y, en algún caso, repitiendo la lección hasta finalmente haberla asimilado.

Abracen por tanto sus cagadas y no les tengan miedo y, si son lo suficientemente humildes y honestos, podrán utilizarlas en su propio provecho y el de los demás.

Hoy la he cagado y he dado gracias por ello. ¿Y usted?

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Sentir o no sentir, esa es la cuestión

Los humanos, como entidad biológica de carbono, son criaturas sumamente interesantes. Tienen una particularidad que los hace especiales sobre muchas otras razas y, contrariamente a lo que debería ser, con frecuencia rechazan ese don divino. Ese don, son las emociones o llamándolo de otra manera, la capacidad de sentir.

Dice la RAE sobre el sentir: Experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas.

Sentir o no Sentir

Cuando desconocemos el poder de las emociones, un primer acto reflejo, aunque inmaduro e infantil, suele ser la supresión de los sentimientos. La secuencia lógica es, si algo me hace sufrir y no puedo eliminar su causa externa, entonces la suprimo de forma interna.

No sentir, no tener emociones, se convierte así en una forma de vida, en una mutilación voluntaria de un órgano tan necesario como el estómago para digerir o el pulmón para respirar.

Las causas que llevan a esa extirpación voluntaria o, en el mejor de los casos a una insensibilización anestésica del sentir, pueden ser variables y dependen del individuo en cuestión pero, en numerosas ocasiones, ocurre el fenómeno que podemos llamar: vergüenza de sentir.

Nos da vergüenza llorar, reir, comunicar lo que sentimos y, frecuentemente, lleva asociado a otro de los jinetes del apocalipsis: el miedo. Miedo al que dirán, miedo a hablar, miedo a expresarse, miedo a actuar de una determinada manera, miedo a reconocer en nosotros mismos esos sentimientos y, en definitiva, miedo al miedo mismo. Este tipo de desequilibrios nos lleva a la locura, en sus múltiples y diversas manifestaciones clínicas muy habituales en nuestra sociedad.

Lo más efectivo suele ser el comprender que hay que abrazar ese sentir, entender nuestros sentimientos, nuestras emociones y permitir su paso a través de nosotros consiguiendo observarlas como un tercer observador, con el desapego suficiente para poder analizarlas sin que así, nuestro ego, intervenga en su procesamiento.

Esta tarea no es tan sencilla como pudiese parecer. Exige honestidad y respeto hacia uno mismo y admitir nuestros sentimientos, tanto los buenos como los malos, las luces y las sombras de nuestro interior. Esa aceptación es la que a su vez, nos servirá para usar como energía necesaria en nuestro particular crisol de la vida que llevamos marcado de forma individual en nuestro ADN:

En nosotros mismos.

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El miedo

A menudo se escucha el dicho popular “Enfréntate a tus miedos”, pero la pregunta que surge a continuación es ¿a qué tengo miedo realmente y cómo le hago frente? La Wikipedia define el miedo como: emoción caracterizada por una intensa sensación, habitualmente desagradable, provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano.

La distinción que debemos hacer es por tanto entre si la emoción es provocada por un peligro real o por un peligro supuesto. En el primer caso nos referimos al instinto de supervivencia, aquel que viene de serie e integrado en el cuerpo humano. Digamos que, y utilizando un término informático, nos referimos a la BIOS del sistema, esa parte de software integrado que cubre las funciones de supervivencia básicas de la máquina humana.

En el segundo caso, nos referimos a otro tipo de miedos más sutiles y que aparentemente son más difíciles de detectar. El miedo se convierte así en una respuesta inconsciente a un estímulo externo que nosotros percibimos como supuestamente peligroso para nuestra existencia, aunque realmente el que se siente amenazado suele ser nuestro ego. En este caso el patrón del miedo que nos incumbe es generalmente muy fácil de detectar ya que no importa demasiado el qué lo ocasiona sino nuestra reacción particular ante el hecho en sí.

Generalmente el miedo se convierte en un, llamémosle así, bloqueante de un pensamiento, palabra u obra:
Nos dan miedo nuestros pensamientos.
Nos da miedo decir algunas cosas.
Nos da miedo hacer algunas otras.

Como podemos ver es un bloqueador perfecto para impedirnos hacer aquello que sentimos que debemos hacer. Es por tanto también una herramienta perfecta de control y manipulación del humano inconsciente. Nada nuevo bajo el sol por otra parte. Sólo tienen que fijarse unos minutos en su TV, sus periódicos y sus mal llamados medios de comunicación inyectando de forma totalmente consciente toneladas de miedo en sus indefensos subconscientes sin que siquiera tengan tiempo a reaccionar. Además, el bombardeo debe ser masivo y constante, de tal forma que la sobre-estimulación sensorial impida al individuo relajarse y utilizar de forma consciente su propio criterio y discernimiento.

Todos sabemos a estas alturas para qué se utiliza la sobreexcitación sensorial, de lo contrario pregúntenle a cualquier carcelero de Guantánamo o cualquier otro lugar similar en el mundo. Si creen que estoy exagerando piénsenlo dos veces, dense la oportunidad del beneficio de la duda y hagan un repaso de todo lo que ocurre en su vida desde que se levantan hasta que se acuestan y se harán una idea más precisa de lo que les intento transmitir.

Radio, TV, publicidad, última hora, periódicos, revistas, etc. consiguen en el incauto oyente la creencia de estar bien informado, de que conoce lo que sucede a su alrededor y de que, por tanto, es normal tener miedo con todo lo que le rodea.

Mi única recomendación es que se desconecten del sistema de propaganda oficial. Apaguen las TV, las radios y dejen de leer periódicos de los mass media durante un mes. En este período de tiempo, hagan un proceso de depuración y limpieza mental para permitirles después aplicar discernimiento y su propio criterio.

Pasado este período de limpieza y depuración mental, prueben de nuevo a prestar su atención a los medios de comunicación masivos y descubrirán, si han conseguido hacer un verdadero ejercicio de introspección, que por mucho que se empeñen no podrán verlos como antes. Es común que surjan preguntas incómodas cómo:
-¿Qué quieren que piense?
-¿Qué miedo quieren provocar?
-¿Qué es lo que ocultan realmente?

Piensen en que el manejo del miedo y, por tanto, de los sentimientos y reacciones que provoca, es la herramienta de control y manipulación perfecta de una sociedad dormida y pagada de sí misma. Afortunadamente las cosas están cambiando y además de una forma imparable mientras TODO va saliendo a la luz.

Como dice el lema del 15M, el miedo está cambiando de bando y, añado, eso no ocurre por casualidad, ocurre gracias a sus pensamientos, palabras y actos.

Ocurre gracias a usted.

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