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-Divide y triunfarás -me comentaba Benito en su cabaña rodeado de los árboles y verduras que cultivaba en su propio huerto-. Si es que es muy sencillo tío.

-Tampoco es así -le repliqué-. La gente sabe cuando le están tomando el pelo.

-¿Eso crees? ¡Ni de coña! ¡Ni siquiera tu mismo lo sabes! -Dijo agitándose en su asiento de mimbre- La técnica es tan sencilla que hasta un tonto podría llevarla a la práctica.

-Ilústreme usted señor profesor -le contesté no sin cierta ironía mientras le daba un sorbo al té matcha que Benito me había preparado.

-Verás -continuó ignorando mi tono irónico-. Lo primero que necesitas detectar es algo emocional, básico, primario y del que tengas la certeza de que al manipularlo, se desactivará toda parte racional del mal aprovechado y peor usado cerebro humano.

-Hombre, tampoco me puedes decir que lo emocional es lo más manipulable -le contesté-. Parece que estás dejando entrever que las emociones son negativas.

-¡Qué va tío! -dijo riéndose-. Hay que distinguir entre los centros emocionales de control, aquellos que son más primarios o inferiores y aquellos que son más sublimes o superiores.

-Define -dije animándole a seguir la explicación.

-Sin entrar mucho en detalle sólo te diré que aquellos más primitivos, son los que suelen responder a instintos más primarios, cómo hambre, peligro, pertenencia a tribu e incluso algunos tocan otros menos detectables a simple vista,  cómo podrían ser: la sensiblería barata, el pseudoamor de hollywood y chorradas similares -dijo mientras movía una mano sobre su cabeza con cierto desdén-. Los más elevados o superiores son todos aquellos que nos permiten crecer y evolucionar como humanos tanto con nosotros mismos cómo para con los demás. El Amor, la compasión, la empatía, la comprensión y todos aquellos que signifiquen algo que se aleje de las tonterías típicamente televisivas.

-Ponme un ejemplo -le dije con curiosidad.

-En estos momentos viene a mi memoria una frase de no sé qué peli. En ella hablaban de "Amor Duro" para distinguirlo de las cursilerías vomitivas de la mayoría del cine con el que nos bombardean. Verás -continuó- calificaban de amor duro a una acción que era necesaria para la evolución de un determinado personaje pero que no era en absoluto agradable. Similar a una lección que el por si mismo tenía que aprender. El amor sensiblero lo hubiese evitado con un "pobrecito de el" mientras le restaba poder. El auténtico en cambio, le daba la oportunidad de enfrentarse al supuesto mal trago y empoderarse mediante la acción consciente.

-A eso le llamo putada -dije sin muchos miramientos.

-¡Vaya simplismo! ¡Todo lo contrario! -Me miró haciendo muecas y arqueando las cejas- Le estaban dando la oportunidad de hacerse cargo de su vida y por tanto la oportunidad de recobrar su propio poder. Y tranquilo, no lo dejaban tirado, lo vigilaban desde la distancia. Es tan sólo un ejemplo.

-Vaya forma de decirlo -le repliqué con cierta ironía.

-Piensa que también para la persona que hace eso le supone un esfuerzo extra -continuó- pues la primera intención suele ser echar una mano sin dudarlo, sin embargo en este caso concreto, ha de realizar un acto consciente de dejar espacio al otro para darle la oportunidad que quizá no haya tenido nunca. ¿Me sigues?

-Ahora sí. Alto y claro -dije mientras acababa el té.

-¡Bien! ¡Pues retomemos el tema! -dijo mientras se levantaba y me invitaba a seguirle por la huerta- Otra forma de distinguir los centros emocionales superiores suele ser preguntarse: "¿Compito contigo o colaboro contigo?" La respuesta te indica el grado y vale tanto para uno mismo cómo para los demás.

-Entiendo -dije mientras observaba a una tortuga comerse un trozo de lechuga cultivada ante los atentos y sonrientes ojos de Benito- Competimos por comida pero colaboramos por causas mayores. Supervivencia versus crecimiento aunque no sean antagónicos.

-Efectivamente -dijo Benito-. Pues una vez que esto lo tenemos claro, retomemos el hilo inicial. Una vez detectado algo que dispare una emoción primaria básica e instintivamente reactiva que anule todo sentido crítico, ya hemos invalidado también otro aspecto importante. La capacidad de discernimiento.

-Te sigo -dije-. ¿Un ejemplo?

-Dos equipos de fútbol -dijo sin pestañear-. A cada equipo lo adornas de sentimientos superficiales que te sirvan para alejar al individuo del fondo de la cuestión. Unos aficionados gritarán cómo locos y los otros reaccionarán de igual manera. Todo está pensado para el enfrentamiento, la confrontación y el conflicto, cuando el fondo de la cuestión es que mientras 22 tíos millonarios persiguen un balón de cuero, millones de espectadores enfervorecidos y por tanto, enajenados y lejos de cualquier sentimiento racional, pagan entradas y cable de televisión cuando apenas llegan a fin de mes. Irónico.

-Es un ejemplo típico -contesté.

-La superficie es revestir a los equipos con camisetas y sentimientos vacíos pero encontrados, huecos de todo contenido aunque bien revestidos de brillantes ropajes y sensiblería barata -dijo mientras apartaba la tortuga con delicadeza y le arrancaba la hoja de lechuga para que la siguiese mordisqueando a su gusto.

-Está claro -dije.

-Bien. Una vez que has generado los bandos, lo demás realmente es muy sencillo y se limita a usar de forma inteligente esa separación para tu provecho particular -dijo arrancando unas malas hierbas alrededor de las jugosas lechugas-. Es poner en práctica el famoso dicho de "Divide y Vencerás". Esto no es nuevo, ya lo inventaron los romanos y hasta hay algoritmos que llevan este nombre.

-No te sigo -dije.

-Por seguir con el ejemplo anterior. Supongamos que vendes camisetas o banderas de equipos de fútbol. ¿Cómo incrementar las ventas? Fomentando la separación, el enfrentamiento y la irracionalidad más exacerbada. Un mes vas con un equipo y pones a parir al otro y al siguiente haces todo lo contrario. El efecto final es que las mal llamadas aficiones se enervarán hasta límites inimaginables y tu te forrarás vendiendo banderitas. ¿Ves qué fácil? ¡Si es que está chupao! -dijo alegremente sin inmutarse.

-No creo que la gente sea tan inocente a estas alturas para dejarse engañar así -repliqué.

-¿Ah no? Lo más divertido es conseguir enfrentarlos sin que siquiera sepan quién los enfrenta -dijo Benito mientras colocaba un caracol encima de la tortuga para divertirse- ¿Cómo crees que se originó la primera guerra mundial? ¿O la segunda? Alguien financió a ambos bandos y se forró con el invento y a las pruebas me remito que si te interesan tendrás que indagar y buscar. ¡No esperes que te lo den todo digerido chico! -dijo guiñándome un ojo mientras se reía a carcajada limpia- ¿Te acuerdas de lo del té o café? Esto es igual. Cómo en los juegos de casino. Da igual a lo que apuestes, al final la banca siempre gana.

-Sigo pensando que la gente no es tan ingenua ni manipulable -contesté-. Generalmente las cosas son mucho más simples que empeñarse en buscar explicaciones rebuscadas o cuando menos difíciles de probar. Yo creo que todo es más sencillo. Es la estupidez de la gente, su indolencia y su más absoluto egoísmo. Eso es todo.

-Definitivamente chico tu ingenuidad me conmueve -dijo riéndose a carcajada limpia-. ¿Sabes que he trabajado en el mundo de la publicidad y el marketing? Era muy bueno en eso de "venderle a la gente cosas que no necesita". No difiere mucho de lo que te he estado explicando. Sólo cambia el grado. Ya sabes: "cómo es arriba es abajo, cómo es abajo es arriba".

Esta vez le presté mayor atención y le miré con renovados ojos mientras Benito bajaba al caracol de la tortuga y lo ponía delicadamente sobre la hierba. Era la primera ocasión en la que mencionaba algo de su pasado y viéndole arrancar hierbajos en su huerto mientras silbaba despreocupado y sonriente, no conseguía enlazar mentalmente su antigua profesión de publicista con la imagen de la persona que ahora tenía ante mi. En ese breve instante y cómo un flash, descubrí que mis propios prejuicios y paradigmas mentales habían limitado mi capacidad de observación. Me pregunté en qué más lo estaría haciendo en mi vida diaria.

-Prejuicios -dijo mirándome a los ojos- No juzgues a nadie por sus apariencias o mejor dicho, no juzgues a nadie. Un juicio es cómo una opinión, no define al opinado, define al que opina chico- dijo sonriendo.

Le devolví la sonrisa y miré mi reloj. Se me había hecho más tarde de lo que esperaba.

-Bueno Benito, sintiéndolo mucho tengo que irme. Se ha pasado la tarde muy rápidamente -me excusé.

-Es que el tiempo es relativo, ¿sabías? -dijo riendo nuevamente mientras me ponía una mano el hombro y me acompañaba a la salida.

-Oye -dije- Un día me tienes que contar algo más de tu pasado cómo publicista.

-¡Bah! Es muy aburrido -me replicó- Prefiero reírme y disfrutar cómo un niño.

Mientras deshacíamos el camino andado hasta la entrada de la casa, me iba enseñando el resto del huerto señalando una planta o un árbol y explicándome las diferentes propiedades de cada una de ellos y de las cuales parecía tener grandes conocimientos. De repente se paró un momento y comenzó a reírse a carcajada limpia mientras batía las palmas.

-¡Se me ha ocurrido una idea! -me dijo- ¿Por qué no lo pruebas?

-¿Probar el qué? -le pregunté mientras le miraba sorprendido.

-El divide y vencerás -contestó-. Pero eso sí, recordando siempre cuál es la realidad y sin sacar provecho de la situación. Que al final todo vuelve.

-¿Y cuál es esa realidad? -pregunté.

-¡Que por muchos bandos que haya el partido es el mismo para todos! ¡Así que haz siempre tu mejor jugada! -Dijo mientras me daba un abrazo completamente inesperado dejándome boquiabierto frente a la puerta que acababa de cerrar delante de mis narices.