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 escalada

Ese día tuve una pesadilla un tanto desagradable. Soñaba que en medio de una fuerte ventisca, ascendía una pedregosa colina portando a mis espaldas, cuál humilde Sísifo, un pesado fardo. A medida que escalaba la ladera, la carga que portaba aumentaba tanto de peso como de volumen, de tal forma que muy a mi pesar, me asemejaba más a un lento y trabajoso caracol que a un atlético alpinista mientras mis dedos se aferraban desesperadamente cuál garras a la superficie helada obligándome a no mirar atrás por temor a desfallecer y caer al vacío que quedaba tras de mi.

Llegado a un determinado punto de la dura ascensión, tropiezo y caigo de bruces desfallecido sobre la nieve, tragándola y casi asfixiándome con la misma. Furioso y agotado me puse de rodillas mientras gritaba desesperado: "¡No puedo más!" y unos segundos después el sonido del eco de mi voz me respondía mordaz pareciendo burlarse en su respuesta de mi desdicha: "¡No puede más!, ¡No puede más! ¡No puede más!".

Súbitamente se escuchó un inquietante crujido en la montaña y se abalanzó sobre mi una furibunda avalancha de nieve que me arrastró al vacío mientras gritaba impotente. En ese mismo instante me desperté sobresaltado todavía jadeando de la impresión.

Decidí salir a tomar el aire y así, paso a paso por el camino que se internaba en el campo, me encontré casi sin proponérmelo enfrente a la casa de Benito.

Justo cuando mi dedo iba a pulsar el timbre, se abrió la puerta de par en par y allí apareció Benito en el umbral. Nada más verme profirió un profundo y largo alarido que por poco me mata de un infarto. Pegué un traspiés y poco faltó para que cayese sobre unos espinos justo al lado de la entrada a la casa.

-¡¿Pero qué coño haces?! -grité indignado- ¡¿Te has vuelto loco?!

-!Já! ¿Quién está más loco? ¿El loco o el loco que sigue al loco? -dijo dándome una vigorosa palmada en el hombro que por poco acaba con la poca entereza que me quedaba.

-¿Pero se puede saber a qué ha venido eso? -dije recuperando la compostura poco a poco.

-Pues no lo sé. Te he visto y me ha parecido entre lógico y divertido pegarte un grito para ver como reaccionabas y como estaba tu equilibrio, aunque ya veo que no está muy fino. Por cierto -dijo cambiando de tema- ¿sabes que tenía la premonición de que ibas a aparecer hoy por mi casa? Venga, pasa. No te quedes ahí parado como una estatua de sal.

Poco después nos encontrábamos cómodamente sentados en dos sillas de mimbre mientras Benito observaba entre divertido y serio la extraña escena que tenía ante mi. Bajo las ramas de un frondoso roble y puesto en pie sobre un cubo metálico, se encontraba un chico de unos 16 años con los brazos en cruz y los ojos completamente vendados con un pañuelo de pirata que le daba a la escena un toque si cabe más estrambótico. A sus pies un cronómetro marcaba ritmicamente el paso del tiempo mientras a su alrededor todas las figuras permanecían impasibles.

Por un momento y mientras sorbía mi taza de café, sólo escuchaba el tic-tac pendulante del reloj, el sonido de los pájaros y la respiración acompasada del muchacho que pareció sincronizarse con la mía.

Benito pareció percibirlo dedicándome una mirada de reojo al tiempo que cogía un guijarro del suelo y sin dudarlo ni un segundo lo tiró al cubo metálico dónde se apoyaba la silenciosa estatua humana. Se escuchó un fuerte sonido metálico pero el chico no se inmutó ni pareció mover ni un solo músculo.

-¿Por qué le tiras una piedra? ¿No ves que está concentrado? -dije en voz baja.

-Pues por eso mismo. Quiero ver si se distrae y pierde la concentración. Venga, tírale una piedrecilla también. Seguro que te lo agradecerá.

-¿Que me lo agradecerá?

-Si hombre. Es su prueba. Necesita mejorar su autocontrol y capacidad de concentración ajeno a todo ruido interno y externo. Tiene que acostumbrarse a mantener el equilibrio en medio de toda tormenta. Venga hombre, no seas tímido y tírale algo que no te va a morder.

Aún dubitativo ante este extravagante método de enseñanza de autocontrol, cogí un pequeño guijarro y lo tiré sin mucha convicción acertando en el cubo metálico. El chico permaneció impasible y completamente quieto. Benito pareció sentirse satisfecho tanto por mi acción como por la reacción del muchacho.

brazos cruz

Todavía perplejo comencé a relatarle mi sueño de esa noche dónde le expresaba la sensación de angustia y pesadez que me había invadido. Mientras continuaba mi relato, comencé a revivir de nuevo la desesperación de mi pesadilla nocturna al mismo tiempo que me comenzaba a inundar cierta paz y tranquilidad procedente de la escena que tenía ante mi.

Dos sensaciones duales y contrapuestas en el mismo espacio-tiempo. En ese instante me sentí muy extraño, como si mi cuerpo no me perteneciese y tan sólo se hubiese convertido en un localizador de sensaciones ajenas que intentaba recolectar y procesar. Paré el relato y me quedé en silencio unos segundos, tiempo más que suficiente para que Benito se percatase y me tocase levemente con la punta del pie en mi pierna.

 -Interesante, ¿verdad?

-¿A qué te refieres?

 -Si hombre, a esos sentimientos encontrados que has percibido.

-¿Cómo lo sabes?

-Saber no es la palabra. Sencillamente entre el sueño, tus miradas furtivas al chaval en su extraña pose y tu silencio deduje tu estado emocional aunque pretendas ocultarlo -dijo Benito-. Sea como fuere no tiene mayor importancia. Lo que sí es relevante es qué sientes tu y qué vas a hacer al respecto con eso.

En ese instante sonó el cronómetro despertador y el muchacho pareció volver a la vida. Sacándose la venda de sus ojos y bajando del cubo de un salto se dirigió alegre y sonriente hacia Benito.

-¡Lo he conseguido! ¡Una hora de pie y con la mente silenciada! -Dijo exultante- Sólo escuchando los sonidos a mi alrededor y manteniéndome en paz y equilibrio. ¿Qué te ha parecido?

-Pues nada especial -dijo Benito fingiendo indiferencia-. ¿Qué quieres? ¿Que te de un pin?

El chico le miró no demasiado sorprendido pero intrigado. Benito se levantó de un salto y poniéndole una mano en el hombro le dijo:

-Esto no es un campeonato. Es algo que tu quieres corregir así que de ahora en adelante recuérdalo y aplícalo en tu vida diaria antes de dejarte llevar mitad por tus hormonas mitad por tu inconsciencia. ¿Está claro chico?

-Cristalino como el agua profe.

-¡Qué profe ni qué niño muerto! ¡Anda! ¡Largo de aquí! -Dijo mientras le daba un fuerte abrazo antes de despedirse.

-¿Por qué lo alejas de ti emocionalmente? -Le pregunté inquisitivo una vez que el chico se había ido.

-Porque no quiero pupilos, ni admiradores, ni seguidores de ningún tipo. Además algún día podría tener que ser más incisivo de lo habitual sin miedo a perder nada. Ni quiero, ni necesito ese tipo de apegos a quienes me vienen a buscar.

-Me gusta como piensas. Seguro que no eres muy popular en el pueblo -dije con ironía.

-¡Brindemos por ello! -Dijo Benito mientras sacaba dos cervezas de una pequeña nevera portátil a sus pies.

-Por cierto -continuó Benito- tu sueño está muy claro, así que no me hagas gastar saliva explicándotelo -dijo guiñándome un ojo.

-Tienes razón. Déjame adivinar: "si hubieses seguido adelante habrías alcanzado un nuevo nivel" y que lo aplique a mi vida. ¿Verdad genio?

-No sé. Es tu problema -dijo riéndose de nuevo mientras chocaba su botella contra la mía.

-"Saaaa-Luzzzz" -dijo Benito enfatizando la pronunciación en la última sílaba.

 -Pues que así sea. ¡Mucha Luz! -dije sonriente mientras reflexionaba sobre los sueños, la dualidad y el mundo que habitamos en general.

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